viernes, 10 de febrero de 2017

El chico de pocas palabras y demasiados sentimientos

Perdí la cuenta de las veces que se refirieron a mi así, como el chico que habla poco, el serio, el callado... el de pocas palabras.

Siempre preferí hablar lo justo, lo necesario, ¿para qué pronunciar palabras vacías, pudiendo demostrar las cosas sin tener que decirlas? Tal vez ese ha sido siempre mi problema, dar más de lo que recibo, en todo. Esperar cuando no te esperan, pensar en quien no te recuerda y hablar maravillas de quien no le apetece escuchar tu voz.

Amor, amistades, qué más da, si siempre es lo mismo y siempre acabas malherido, si te fallan y te ignoran y sigues estando ahí para todo, como siempre. ¿Cuándo aprenderás?

Los sentimientos que no expreso con palabras me ahogan, por culpa de palabras sin sentimiento. Todo del revés, todo sin sentido, todo duele y quema y acabas negro por dentro. De tener tanto que callar te acostumbras a no hablar, y de no hablar te hundes en los pensamientos de sentir que algo falla y no eres capaz de cambiarlo. Que te prometes a ti mismo que nunca más, que será la última vez que te hagan esto y al final con un par de palabras vacías vuelven a ganarte y lo das todo luchando por volver a caer, al final, en el principio de todo.

Confiar en que ésta sí que vez te valorarán, y te tendrán en cuenta, y tal vez te lo demostrarán hasta que vuelvan a fallarte una y otra vez, hasta que vuelvas a sentirte solo, incomprendido, molesto, que no encajas y pensar que nadie intentará devolverte la sonrisa. Te sentirás así hasta que vuelvan a tener interés, vuelvan a hacerte creer que les importas y... Vuelta al principio.

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