No lo sé, pero siento que así me ocurre y me torturo.
Prometo olvidarte algún día, que tus fotos no me remuevan las lágrimas y que pueda verte sin sonreír como un tonto. Que no tenga por qué pasar las noches acordándome de los momentos que pasamos juntos, ni pensando en qué voy a hacer la próxima vez que reaparezcas en mi vida.
-la próxima vez que reaparezcas en mi vida-
Es un pensamiento que me tortura casi tanto como el dolor de aquel sentimiento que, por suerte, va hundiéndose en las indomables arenas del tiempo. No soy capaz de razonar el por qué un simple "hola" o "¿cómo estás?" tuyo podrá desconcertarme tanto, dejarme sin palabras, sin saber a quién hacer caso: si al corazón o a la cabeza, si a mis ganas de volver a verte o las de verte desaparecer.
-verte desaparecer-
Blanco o negro. Al parecer así eran las cosas conmigo, o todo o nada: o cero o cien, pero no del cero a cien. La cuestión está en si el problema era mío... y el tiempo ha acabado diciendo lo contrario. Nunca entenderé eso de preocuparte por una persona un día, y al otro olvidarte de su existencia. ¿A caso ya se te olvidaron todas esas promesas, ahora incumplidas?
-promesas incumplidas-
¿Por qué, por qué esto? Siempre tuviste fama de ser una persona sincera, con corazón... el cual ya no veo por ninguna parte. ¿A caso te lo destrozaron tanto que ya no queda nada? ¿Es que detrás de esa magia que desprendes, de tanta luz y color, tan sólo hay oscuridad, hielo, la nada del todo que un día hubo y se lo cargaron? ¿Me pasará lo mismo? ¿O ya me ha pasado y no me doy cuenta?
-y no me doy cuenta-
Y lo peor es que si que me doy cuenta. Lo peor es que lo se y no quiero aceptar la verdad. La esperanza siempre corrió detrás mía, y era más rápida que yo, tanto que acabó pasándome por encima, pisando a la ilusión y dejándome con la verdad, tardía e innecesaria. Esa verdad que me recuerda lo estúpido que fui, por qué no hice caso a la razón, cuyos consejos siempre ignoré.
.
.
.
El corazón sangra tinta y la hemorragia no se corta.